ASOCIACIÓN MEXICANA DE TIROIDES, A.C.


Complicaciones del tratamiento con
Iodo-131
La náusea y la sialoadenitis se consideran efectos colaterales agudos que
se presentan frecuentemente con dosis altas de I-131, aunque generalmente son
leves y se resuelven por sí solos.
La tiroiditis asociada a la exposición de la radiación ionizante generalmente
es mínima en pacientes tiroidectomizados, pero cuando los restos de tejido tiroideo
son abundantes o cuando se administran altas dosis en pacientes sin tiroidectomías
totales el dolor puede requerir tratamiento con glucocorticoides por algunos días.
Los tumores en ciertas localizaciones como el cerebro, la médula espinal
y la región paratraqueal pueden inflamarse y causar síntomas de compresión en
respuesta a la estimulación con TSH o al tratamiento con I-131.
La fibrosis por radiación puede llegar a ser fatal y se presenta más
frecuentemente en pacientes expuestos repetidamente (intervalos de 3 meses) a
altas dosis (actividades) de I-131 (>150 mCi).
Se debe tener particular atención de no administrar I-131 a mujeres
embarazadas.
Los pacientes masculinos pueden experimentar una espermatogénesis
reducida y las mujeres pueden experimentar falla ovárica transitoria.
Ha existido preocupación de daño genético al administrar I-131 antes de
la concepción, pero la única anomalía reportada a la fecha es la de un ligero
incremento en el número de abortos durante el año siguiente al tratamiento, por
lo que a las mujeres tratadas con I-131 se les sugiere esperar al menos un año
antes de pensar en el embarazo. No hay evidencia alguna de que el embarazo afecte
el crecimiento tumoral en pacientes que reciben dosis adecuadas de T4.
Tras recibir repetidas dosis de I-131 se puede presentar una pancitopenia
leve, especialmente en pacientes con metástasis a hueso que también han
recibido radioterapia. El riesgo relativo de presentar un nuevo carcinoma o
leucemia solo se incrementa en pacientes con dosis acumuladas superiores a los
500 mCi de I-131 y en aquellos expuestos a radioterapia externa.
New England Journal of Medicine 2004;338(5):297-306